Mis primeros días de lactancia


Actualmente soy activa en la lactancia; mi hija tiene dos años y medio. Y qué?

He tenido la suerte de contar con una gran pediatra, la cual siempre me ha ofrecido consejos pensando en el bienestar de la niña y del mío. Debo de admitir que mi experiencia con la lactancia no ha sido un camino de rosas, sino todo lo contrario. Han sido horas, días, semanas de dolor, desesperación, miedo e inquietud al preguntarme si estaba haciendo bien o no.

Todo tiene un proceso, me dijeron... y así es. Después de una cesárea repentina, te dan a tu bebé y ahí empiezan las presentaciones y el "¿ahora qué?". Te vienen y te preguntan: "mamá, ¿pecho o biberón?" Después de haber asistido a las clases pre-parto, que en mi caso no fueron más que clases de terror avanzado, decidí darle pecho. Así empezó nuestra "unión láctea", como suelo llamarlo.

Ese momento en que te ponen al bebé en el pecho, le abren la boca y empieza a succionar es una sensación extraña y, sinceramente, poco agradable en ese primer momento. Esa noche mi hija tenía hambre y mi pecho no estaba por la labor ni preparado para aquel festín, así que decidió agrietarse y sangrar. Lloré de dolor, pero continué. No sé porqué razón, pero continué.

Había un botón rojo en el cabecero de la cama. Si lo presionabas, fuera la hora que fuera, aparecía la enfermera. Ese botón era mágico. Me ayudaron mucho, me sentí muy arropada y nos explicaron a mí y a mi marido qué debíamos hacer para que yo no sufriera. Unos viajes a la farmacia de guardia mejorarían la situación. Crema anti-grietas, pezoneras y chupete. Algo que teníamos súper claro que no íbamos a utilizar era el chupete; tenemos que decir que mi hija salió del hospital con él.

Los días siguientes fueron duros y más aún porque ya no teníamos el botón rojo mágico en casa. Ahora nos tocaba a nosotros solos enfrentarnos a la aventura. Fueron noches largas, en las que me sacaba leche y el papá le daba las siguientes tomas para que yo descansara. Y así, poco a poco, con tiempo, paciencia y muchas veces el querer desistir y darle un "bibi" de fórmula, llegó la calma, las tomas donde sientes que la alimentas, que se calma con tu pecho, que se une a ti y tú a ella y es ahí dónde piensas...feliz de no haber desistido.

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